



















Con ritmo santiagueño arrancaba la noche en la Peña ubicada en la Confitería Real violín y guitarra y el coro de los peñeros que empezaban a despertar al duende; el Pichi Acosta desfiló entre las mesas reviviendo la magia de una fiesta que nacía hecha palma y canción.
Los acordes de una guitarra sonaban en Reviens mezclados en el susurro de una canción fueron quienes acompañaron la actuación de Mauro Guinetti, venido desde Río Negro, quien abría esa noche con temas propios y clásicos de siempre. “…una copa, dos sabores…” y la emoción a flor de piel. Los artistas de baile en baile, de peña en peña, de canción en canción…

En la esquina de Perón y Catamarca, la Peña “Restaurant Mamá Rosa” recibía entre otros y ya promediando la medianoche, al santafecino Chani Flores, que se presentaba en esta fiesta del duende siguiendo una tradición peñera que nace en las madrugadas de enero coscoíno, veranos de cacharpaya y amistad. De eso se trata, de recuperar lo que duerme en invierno, retomar el fuego que en cada habitante del pueblo descansa, que es de todos, que crece en cada visitante y se vuelve semilla y se derrama de mesa en mesa. Una chamarrita litoraleña sonaba en Mamá Rosa y el duende ya empezaba a despertarse.
En la Peña “La Puerta del Sol”, se vivía la mágica esencia de un ser que habita en la delicia del vino, en las palmas de una chacarera, en el danzar de pañuelos. Zapateo, gaucho y paisanada parecían la combinación adecuada para esta fiesta que arranca. Cruzando el puente carretero, la Peña del restaurant "Parrilla rio Cosquín" se abrazaba al río que conquistara el amor de aquel Figueroa Reyes y llevara la nuevamente la música a sus orillas en este ritual que año a año se vive en Cosquín.. un ritual de guitarras y pasiones enlazadas en cada noche de fiesta.
En la Peña “Enrique Brizio”, meta chacarera y zamba, los bailarines no abandonaban la pista. Allí vivía LA CASA DEL TROVADOR , con festejos merecidos de aniversarios venturosos, la primera noche de la fiesta con espectáculos como el que presentaron Los Guaraníes, acompañados por los chicos del Ballet Juvenil de la Escuela Municipal de Folclore. El grupo coscoíno Ceibo subió al escenario a hacer lo que mejor saben hacer. Voces hermosas, guitarra, bombo y el salón rebosante de baile para que el duende escuche el llamado de su pueblo.. de su gente.. Ovacionados por todos, no pudieron dejar tan facil de cantar y debieron alargar su impecable actuación, que se coronó con un carnavalito que recorrió toda La Herradura en los pies endiablados de jóvenes “de todas las edades” hermanados en el ritmo.
Como siempre y de la mano de un buen aro, se fueron regalando alfajores y ponchos coscoínos en cada peña, una invitación a seguir disfrutando de la fiesta que nace con fuerza en la noche serrana y promete madurar en las madrugadas de embrujo cada sábado, a la orilla del ancestral río Cosquín.
La noche fue larga e invitaba a algún abrigo. Tuvo gatos, chacareras y escondidos, música del alma, serenatas y reencuentros…empanadas y buen vino para acompañar la fiesta… pero la llama en los corazones festivaleros fue reavivada desde sus cenizas dormidas por la mano inconfundible del duende que es… y desde siempre, una realidad en este Cosquín misterioso y desafiante.