domingo, 27 de septiembre de 2009

Tardes Coscoínas

Las tardes coscoinas suelen tener una especial esencia carnavalera. Hoy, siguiendo las festividades, se reunieron en la Plaza San Martín bailarines, músicos, vecinos, visitantes…amigos, y mate de por medio disfrutaron de eso que pasa en Cosquín: Magia. Abrían la tarde la música y la calidez de Pichi Acosta, violín, guitarra y voz para poner las cosas como se debe, fiesta y alegría. Media chacarera después, ya los bailarines se hicieron presentes en un espectáculo nuestro, de todos. También participó el Ballet de Adultos de la Escuela Municipal de Folclore, presentado el espectáculo “Cumpleaños en lo de Molina Campos”, mezcla de gracia, humor, alegría y baile criollo. Al ritmo de las palmas y las risas de todos, el Ballet fue ovacionado con cariño y respeto. También estuvo presente Nando el Salteño acompañado con sus músicos. La mateada y el baile no cesaron, y entre churros y bizcochos disfrutamos de una hermosa tarde. Lamentablemente una ráfaga de viento nos trajo un poco de tormenta serrana y tuvimos que interrumpir, pero esto sigue y no se detiene, el duende anda rondando por Cosquín y ya se nota.

























Se va la segunda

La segunda noche de la Fiesta del Duende arrancó tempranito. Ya desde la tarde se había estado festivaleando en la plaza San Martín y algunos seguían desde la noche anterior. Las nubes se imponían en el cielo en una invitación a arrimarse al fuego, la guitarra y la canción. Paseando por el recorrido peñero encontramos a los catamarqueños “Los Rieles” en la peña Reviens, chacarereando despejaban las cenizas que envuelven al duende. Una parejita de baile completaba el cuadro sellando la danza con un beso. A la media noche se hizo un brindis en cada peña, las copas, vasos, botellas se levantaron en honor al duende, por el festival, por la buena ventura. Cada artista por las tablas, por la fiesta y el folclore.


Un guitarrista apoyado en una silla afinaba las cuerdas esperando su turno para subir al escenario; finalmente tres guitarras mendocinas nos trajeron viejas historias del bueno vino y sus virtudes. Con una zambita, los pañuelos dibujaron caricias en el aire fresco de la noche coscoína.

El recorrido peñero siguió por la alegría de la Peña "La Tempranera" que hoy abrió sus puertas a la fiesta instlada en el circulo Italiano de Cosquín. Pasando las vías de ferrocarril, Pablo Bauhoffer , un joven locutor de Cosquín, conducía la Peña de la Sociedad Española en donde un locro bien servido fue el encargado de paliar el viento frío que se volcó sobre las sierras.
En la esquina de Perón y Catamarca, el Restaurant Mama Rosa abría sus puertas en su segunda noche en la Fiesta del Duende con su capacidad absolutamente colmada, de gente y de emociones. Encontramos al grupo Ceibo en la peña de“Las Vegas”, donde fueron calurosamente recibidos, chacarera bombo y palmas para los músicos serranos.


La noche trajo sorpresas, comenzó a llover refrescando el aire del valle, pero en las peñas el fuego hacía arder los corazones, volar las faldas, calentar las voces en pleno canto. Mientras el clima afuera no quería ceder, el duende apagó las luces de la ciudad solo para acercarnos más. En la Real, repleta, el ambiente se llenaba de espíritu, el duende se disfrazaba de músico, se deleitaba en las palmas, se multiplicaba en las mesas. “La callejera” volvía junto con la luz, ya entregada a la zamba, al gato y a lo más popular de la música nacional. Porque el folclore atraviesa las frágiles fronteras que nos separan, y entre sus brazos nos unimos para celebrarnos. Carnavales copleros, cuecas cuyanas, desfile de música y danza. El recorrido peñero se hace cada vez más gustoso y vemos al duende en cada artista que de tabla en tabla consagra su rol de cantor, de ser testigo y relator de su tiempo y de su gente.
La Puerta del Sol, en la intimidad de una canción y su público, se convertía en un punto clave del recorrido nocturno. Afuera la lluvia, adentro la fiesta era la protagonista, como en la Herradura, donde al ritmo de los Cantores del Alba, los bailarines reinaban desde cada rincón de la Peña Enrique Brizzio. Con el aplauso agradecido de su público se iban despidiendo, pero en respuesta al pedido de todos, el cuarteto ofreció más al giro de los zapateos. Desde las mesas los brindis, desde el escenario los aros más audaces ganaban carcajadas.



Entre gritos enfiestados el Pichi Acosta llamaba a la chacarera con violín en mano y las parejas invadieron la pista en respuesta. Logramos ver al duende que se colaba en el vuelo de una falda y seguía el zapateo de un joven bailarín que desde el centro de la peña deleitaba con su destreza…
Fue una noche única, de vivencias que quedarán marcadas para cuentos de lluvia y serenata. Las cenizas quedaron removidas definitivamente y listo para desperezar del invierno al duende. Ni la tormenta pudo apagar los corazones peñeros que fueron uno en la fiesta.

fotos segunda noche..


Fotografias de Marina Sanchez Rial
marinasanchezrial@hotmail.com

Lucía Salas
salas_la@hotmail.com

Lucía robles
























sábado, 26 de septiembre de 2009

PRIMERA NOCHE DE LA FIESTA

por MARINA SANCHEZ RIAL / redacción la fiesta del duende


La primera velada de la Fiesta del Duende se vivió como una verdadera noche festivalera. La cálida luna se asomaba por el horizonte, se empezaban a sacudir las cenizas de viejos carnavales, y se preparaban pañuelos y guitarras afinadas; aroma a parrillada y vino tinto que invadía cada rincón del pueblo invitando a todos a peñar.
Así empezaba el primer recorrido de un duende que es magia, que es viento cantor, que es Cosquín.


Con ritmo santiagueño arrancaba la noche en la Peña ubicada en la Confitería Real violín y guitarra y el coro de los peñeros que empezaban a despertar al duende; el Pichi Acosta desfiló entre las mesas reviviendo la magia de una fiesta que nacía hecha palma y canción.
Los acordes de una guitarra sonaban en Reviens mezclados en el susurro de una canción fueron quienes acompañaron la actuación de Mauro Guinetti, venido desde Río Negro, quien abría esa noche con temas propios y clásicos de siempre. “…una copa, dos sabores…” y la emoción a flor de piel. Los artistas de baile en baile, de peña en peña, de canción en canción…



En la esquina de Perón y Catamarca, la Peña “Restaurant Mamá Rosa” recibía entre otros y ya promediando la medianoche, al santafecino Chani Flores, que se presentaba en esta fiesta del duende siguiendo una tradición peñera que nace en las madrugadas de enero coscoíno, veranos de cacharpaya y amistad. De eso se trata, de recuperar lo que duerme en invierno, retomar el fuego que en cada habitante del pueblo descansa, que es de todos, que crece en cada visitante y se vuelve semilla y se derrama de mesa en mesa. Una chamarrita litoraleña sonaba en Mamá Rosa y el duende ya empezaba a despertarse.
En la Peña “La Puerta del Sol”, se vivía la mágica esencia de un ser que habita en la delicia del vino, en las palmas de una chacarera, en el danzar de pañuelos. Zapateo, gaucho y paisanada parecían la combinación adecuada para esta fiesta que arranca. Cruzando el puente carretero, la Peña del restaurant "Parrilla rio Cosquín" se abrazaba al río que conquistara el amor de aquel Figueroa Reyes y llevara la nuevamente la música a sus orillas en este ritual que año a año se vive en Cosquín.. un ritual de guitarras y pasiones enlazadas en cada noche de fiesta.
En la Peña “Enrique Brizio”, meta chacarera y zamba, los bailarines no abandonaban la pista. Allí vivía LA CASA DEL TROVADOR , con festejos merecidos de aniversarios venturosos, la primera noche de la fiesta con espectáculos como el que presentaron Los Guaraníes, acompañados por los chicos del Ballet Juvenil de la Escuela Municipal de Folclore. El grupo coscoíno Ceibo subió al escenario a hacer lo que mejor saben hacer. Voces hermosas, guitarra, bombo y el salón rebosante de baile para que el duende escuche el llamado de su pueblo.. de su gente.. Ovacionados por todos, no pudieron dejar tan facil de cantar y debieron alargar su impecable actuación, que se coronó con un carnavalito que recorrió toda La Herradura en los pies endiablados de jóvenes “de todas las edades” hermanados en el ritmo.
Como siempre y de la mano de un buen aro, se fueron regalando alfajores y ponchos coscoínos en cada peña, una invitación a seguir disfrutando de la fiesta que nace con fuerza en la noche serrana y promete madurar en las madrugadas de embrujo cada sábado, a la orilla del ancestral río Cosquín.
La noche fue larga e invitaba a algún abrigo. Tuvo gatos, chacareras y escondidos, música del alma, serenatas y reencuentros…empanadas y buen vino para acompañar la fiesta… pero la llama en los corazones festivaleros fue reavivada desde sus cenizas dormidas por la mano inconfundible del duende que es… y desde siempre, una realidad en este Cosquín misterioso y desafiante.

fotos de la primera noche de LA FIESTA DEL DUENDE

Aca les dejamos de regalo algunas imagenes que describen como fue la fiesta vivida en la primera noche de fiesta.

Fotos: Marina Sanchez Rial y Lucía Salas.