¿Qué significa el duende?
Siete noches de peña pasaron, miles de anécdotas que enriquecieron la memoria dejando el sabor dulce de recuerdos que crecerán con el tiempo. Ayer fue una noche de emociones, alegrías y tristezas. Fue una noche de despedidas, que solo piensan en el reencuentro, que añoran el regreso a la mesa y la guitarra.

En las peñas se vivió la emoción de saber que esta juntada se estaba terminando. Pero nos quedamos mucho más ricos que antes, se han ganado amigos, compañeros de serenatas, baile y canción. Se ha apostado a la fiesta de un pueblo que brilla con luz propia, con la luz de un fuego que quema en lo más hondo, allí donde solo hay espacio pa’l sol.


Desde el Concejo de la Mujer nacieron bailarines improvisados, comensales más que satisfechos que “con la panza llena y el corazón contento” disfrutaron de la buena música. La casona el Castillo se llenó de cantores, de artistas que dejaron todo ganándose un lugar en los corazones, admiradores respetuosos que buscarán sus rostros en futuros festivales, que recordarán sus voces con admiración y esperanza. Porque sin lugar a dudas la Fiesta del Duende invitó a nuestra ciudad de Cosquín a cientos de jóvenes artistas que vienen a este lugar del mundo en busca de un sueño, con la mirada en la luna coscoína y la alegría de estar aquí. Seguramente los volveremos a ver. Gigantes talentos aún no consagrados, son la semillita de una nueva camada, de nuevos aires. Y ha sido un honor poder verlos, aplaudirlos, bailar al ritmo de su canto que quedará flotando en las calles como la huella imborrable de esta fiesta.
En el restaurant Mamá Rosa la noche se vivió con el placer de homenajear a una cantora como no hubo otra, recordar a la voz que habló por aquellos a los que silencian con el poder, a la mujer querida y respetada por todos los músicos de nuestro país y el mundo. El cariño fue la mejor manera de decirle adiós, un adiós casi ilusorio, porque su canto quedará por siempre, recuerdo de un torbellino que no dejó escenario sin pisar y vida sin tocar. Mercedes Sosa fue recordada con el sentimiento que provocan los grandes seres que pisan esta tierra, y los aplausos de un público que siempre la tendrá viva en la memoria. El Duende Garnica, infaltable personaje para esta fiesta, fue el encargado de decir lo que todos sentimos, y hablar desde el lugar cercano que él pudo vivir. Con artistas invitados que vivieron el escenario con la emoción en la piel y la música en el alma. Silvia Lallana cantó emocionada junto al Duende recordando con el canto a la querida negra.

Con la presencia del Director de Cultura Tito Acevedo y el Secretario de Cultura de la Provincia de Córdoba Jaime García Vieyra, el Presidente del Centro Comercial de la ciudad de Cosquín Gabriel Musso y miembros de la organización, los directores del departamento de desarrollo del producto folklorico del Centro Comercial Cosquín, Gustavo Ruso Carontti y Cristian Brossard, el artista Enrique López desvistió un bajo relieve en homenaje a Mercedes Sosa. La obra busca reflejar el sentir de una ciudad que consagró y creció junto a ella, y que la recordará por siempre con el corazón y la música.
En la peña La Real el ambiente era de fiesta. Los músicos y el público vivieron una noche de despedidas felices. Una noche de abrazos y recuerdos, de historias y anhelos. Por allí también pasó el Duende Garnica dejándonos sus historias y afecto. El Club de Ajedrez vivió el último fin de semana de la Fiesta del Duende invadidos de la magia festivalera que reinó durante estas semanas. Las bailarinas entre las mesas seducían a un duende enamorado mientras los músicos se despedían para volver en el enero festivalero.
Reviens se encargó de dar el cierre invadidos en la fiesta. Las parejas de baile ocupaban toda la peña, los músicos como un desfile interminable de talento gritaron en alto nos quedamos. Cosquín se vistió de festival y peñas para encender el fuego de un duende que late en nosotros, que encendido en fuego hecho de canto y poesía, de baile y amistad seguirá bailando entre nosotros. Hasta pasada la madrugada siguió la música, la cacharpaya vivió salir el sol y siguió sonando, bailando y cantando para avivar las llamas del duende que ansioso espera el 50º Festival Nacional del Folclore.
Hoy los músicos cargaron sus instrumentos, durmieron los que pudieron lo que el tiempo les permitió, y se despidieron de Cosquín, una ciudad que quedó en llamas de fiesta, esperando su regreso, bailando con el duende que late, vibra en la misma escencia de nuestro pueblo.


















































